15 de enero de 2014

"Maridajes" (Jorge G. Colmenar, 2013)

Sigue el mundo retorciéndose camino hacia el neofeudalismo ciberpunk y uno se pregunta si realmente va en serio todo ésto. No voy a impresionar a nadie advirtiendo que el Mundo nos cambia y nos configura, y así lo hace la Poesía. Y también Mundo y Poesía se alteran mutuamente, dejándonos sólo una amalgama de inseguridades. Todo lo que podemos saber y apreciar es que una lectura de una obra, la que sea, nos marcará de una forma o de otra, y que dependerá también de nuestro ánimo y de nuestro entorno. 

El olor a playa y bronceador puede darte la perspectiva marítima que no esperabas en Invención (Safrika) 
[...]- Hace tanta calor, dices 
Un hombre bajito pasa vendiendo refrescos N
o le compramos nada y conversamos a 
Orillas del Guadalquivir, a eso de las siete de la tarde. 
o llevarte a divagaciones sobre desembocaduras de ríos y bigotes.

Sin embargo, una lectura digital, sobre el zumbido de la pantalla, en una habitación a oscuras y trasnochada, te lleva por unos derroteros más abstractos, más digitales. 
No hace falta perderse en la holopoesía para navegar en la forma digital. Ya podemos leer el Sueño del Marinero en la pantalla o a ras de un rascacielos. No será el mismo mar ni la misma caracola. 
[…] de carmín. deja el vidrio de tu mano disuelto en la alba urna de mi frente, alga de nácar, cantadora en vano […] 

Es por ésto que, tirando unas líneas en una cafetería de Bratislava, bebiendo una limonada, se puede dejar una impronta específica, recogida tal vez por el lector al otro lado del Tiempo. Uno de estos focos de evocación son las bebidas que calientan el espíritu, como el café y el té. Le he preguntado a mi amiga Alicia sobre maridajes, alianzas libro-té. Para leer o releer 1984, por qué no prepararse un English Breakfast, que es la esencia del control sobre el sabor. Es un sabor fuerte de un té fuerte, para tomar por la mañana y rendir rendir rendir. Es un té producido por personas que tienen que conseguir siempre el mismo sabor, la misma impronta. Le abordo después con algo más arcano, aludiendo a los Mitos de Cthulhu, y me responde que hay una variedad de Oolong que se obtiene a partir de la oxidación de la mordedura de una langosta. Es una buena puesta en escena sentarse al calor de un radiador -o de una chimenea, el que la tenga- y leer El color que cayó del cielo bebiendo una taza humeante de una infusión generada por un crustáceo. 

Un maridaje que he disfrutado personalmente ha sido un Wolfe en un vuelo a Berlín. Es liberador leer entre las nubes, aunque lo que leamos nos recuerde lo terrenal de nuestras vidas. O quizás por eso.
[…] Y después de levantarme y acercarme 
al baño, y echar el asco y las entrañas 
por las cañerías, y tirar de la cadena, se me ocurre 
que es agradable estar vivo y hacer la guerra 
y el amor y este poema, y que el mundo 
bien merece 
otra mirada. 

Pero volviendo al té y a los clásicos, no quería dejar de mencionar otra de las recomendaciones de Alicia, que fue una Señora Dalloway con una primera cosecha de Darjeeling Rohini, aunque para los no iniciados nos puede valer un Té Verde con Jazmín. Es un sabor que nos envuelve de forma efímera, que pasa, como el día. Y como Las Olas


NOTA: Artículo de Jorge G. Colmenar para la revista argentina "La Más Médula" con la que colabora dando a conocer nuevos talentos españoles. Su idea era innovar jugando con mi idea de "maridajes literarios", lo que me brindó la oportunidad de disfrutar asesorándole sobre los tipos de té que reflejaban o combinaban mejor con su selección de textos literarios.

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