7 de febrero de 2013

Las bolsitas de té: un invento del s.XX (II)

Tras la accidental invención de Thomas Sullivan, las primeras bolsitas de té contenían hojas de té enteras de primera calidad con las que se preparaba una taza tan buena como cualquiera que pudiese obtenerse usando té a granel en una tetera.

El concepto de una bolsa de té desechable, rellenada automáticamente, sellada, con una cuerda y una etiqueta decorativa, fue patentado en 1916 y se ha mantenido casi invariable hasta nuestros días. El éxito de esta innovación venía marcado por la comodidad de utilizar un dispositivo extraíble que permitía controlar los tiempos en la elaboración de la infusión.

Durante la década de 1920, la tecnología para la producción de las bolsas de gasa experimentó una rápida evolución gracias a la mecanización, y pronto se desarrolló un papel de filtro adecuado (lo suficientemente fuerte como para contener el té de forma segura incluso mojado, pero lo suficientemente ligero como para permitir el flujo del sabor) que supuso un gran avance para su comercialización.

La bolsita de fibra de papel sellada por calor fue inventada por William Hermanson, uno de los fundadores de la Technical Papers Corporation de Boston, quien vendió la patente a la Salada Tea Company en 1930. Mientras que 1944 vió nacer la bolsita de té rectangular (antes de ésto parecían pequeños saquitos).

En estos comienzos, las bolsitas de té se comercializaban básicamente en dos tamaños: para una o dos tazas, y la mayoría disponía de una cuerda o similar que facilitaba su extracción.

Mientras que la población americana se sumó a la moda de las bolsitas con entusiasmo, los británicos se mostraron recelosos ante este radial cambio en el método de preparación del té. Contribuyeron al excepticismo las anécdotas contadas con horror por algunos británicos que habían visitado los EEUU y aseguraban que les habían servido tazas de agua templada con una bolsita colocada al lado esperando ser sumergida en el tibio líquido. A la mala prensa se sumó la escasez de papel provocada por la Segunda Guerra Mundial, lo que llevó su desarrollo tecnológico a un punto muerto.

En Alemania la historia fue muy diferente, gracias al impulso de la compañía Teekanne. En 1929 desarrollaron sus primeras máquinas para producir en masa bolsitas de papel (una cortaba el patrón y otra lo montaba), que en 1937 se sustituyeron por unas más modernas que utilizaban celulosa. Pero el gran avance llegó en 1949 con la invención de la bolsa de doble cámara por Adolf Rambold, junto con la máquina para su producción. LaConstanta fue la primera máquina automática para la fabricación de bolsas de té que conservaban todo el sabor del producto natural. El nuevo proceso de fabricación fue tan superior que los mercados de todo el mundo, especialmente en los EEUU, también lo adoptaron.

Para entonces, Gran Bretaña seguía manteniendo con orgullo su tradición de utilizar sólo hojas sueltas de alta calidad infusionadas en una tetera apropiada, pero las cosas estaban a punto de cambiar. En 1952 Lipton patentó un nueva bolsa a la que llamó flo-thru: con cuatro lados y doble cámara, permitía un mayor contacto con el agua y más espacio para que el té se expandiese. Mientras que en 1953 era Joseph Tetley quien comercializaba su primera patente, haciéndose con un 5% del mercado de té en el Reino Unido. Ninguno de ellos tenía máquinaria de referencia, así que sus primeros prototipos eran adaptaciones de máquinas dispensadoras de sopa.




En general, los años cincuenta fueron la era de la modernidad, comodidad, y el impulso tecnológico, lo que supuso un auge en todo tipo de aparatos que facilitasen el trabajo doméstico. Así, las bolsitas de té se comercializaban con el reclamo de ser un producto que ahorraba tiempo al evitar tener que limpiar la tetera.



Este factor terminó resultando más importante que el deseo del bebedor medio de controlar el tiempo de infusión del té, con lo que cuerdas y etiquetas fueron desapareciendo, y las bolsitas pasaron a utilizarse casi unicamente para tetera.

Con la popularización de las bolsitas, los grandes distribuidores se dieron cuenta de que si usaban hojas de té trituradas, además de facilitar su rápida infusión, podían reducir a la mitad la cantidad de té por bolsita e incrementar así sus beneficios.

Si a principios de 1960, las bolsitas apenas tenía un 3% del mercado del té británico, en la década de 1970, estaban ya en camino de convertirse en el icono cultural que son hoy.

[Continuará...]

No hay comentarios: