6 de febrero de 2013

Las bolsitas de té: un invento del s.XX (I)

En el año 2008 se celebró el centenario de este curioso invento que supuso un hito en la historia del té (especialmente desde un punto de vista comercial).

La llegada el té a Gran Bretaña en el s. XVII revolucionaría los hábitos de su población para siempre. A finales del s. XVIII el té negro superó en popularidad al verde, lo que fomentó el uso de la leche en su consumo. En el s. XIX comenzó el cultivo de té a gran escala en la India, y muy pronto el té indio superó al chino en importación. Pero en el s. XX hubo otro acontecimiento que cambió radicalmente los hábitos de los bebedores de té: la invención de la bolsita de té.

La función de la bolsita de té está relacionada con la creencia de que, para que el té adquiera todo su sabor, las hojas deben ser extraídas del agua caliente tras un tiempo de infusión determinado. A esto se unen beneficios prácticos: al ser extraíble, facilita la preparación del té tanto en tetera como en una taza sin necesidad de usar colador, y permite además la fácil limpieza de la vajilla.

Sin embargo, los primeros ejemplos de dispositivos extraíbles para infusionar té no eran bolsas...

Durante la Dinastía Tang (618–907) el consumo de té se hizo muy popular en China, lo que llevó a sus consumidores a buscar soluciones a la hora de picar o rallar las hojas de té para su preparación. Un inventor chino creó una trituradora de té que hacía este trabajo más fácil y rápido. Se componía de una base (cerámica, metal o madera) en cuyo centro se colocaba una cuchilla circular que cortaba las hojas en finas tiras, y que podía extraerse fácilmente para su afilado.



Otros infusores más modernos incluían huevos y bolas de té: contenedores metálicos perforados que se rellenaban con hojas sueltas y se sumergían en agua hirviendo, para luego retirarse (gracias a su cadena o soporte).



 

Pero volvamos a nuestra historia...

A principios del s.XX, el té era para occidente un delicado artículo de lujo. En Nueva York, cada vez que llegaba un cargamento de India o China, los comerciantes enviaban muestras del té a sus clientes, utilizando pequeñas latas de metal para transportarlas.

La leyenda cuenta que a Thomas Sullivan, uno de esos comerciantes, le fastidiaba el elevado precio de las cajitas de hojalata. Así que en 1904 empezó a enviar sus muestras en bolsitas de seda hechas a mano. Algunos de sus clientes asumieron que debían usarlas como los infusores metálicos, simplemente introduciendo la bolsita en agua caliente, sin vaciar su contenido, y descubrieron que de esta forma podían preparar fácilmente una taza de té bastante aceptable. Al darse cuenta de lo conveniente que resultaba una bolsita desechable a la hora de hacer la infusión, sus clientes empezaron a pedir el té en este embalaje, para sorpresa de Sullivan.

En respuesta a los comentarios de sus clientes de que la malla de seda era demasiado fina, Sullivan desarrolló unas bolsitas de gasa que podían coserse a máquina: las primeras bolsitas de té hechas a propósito, que se comercializaron a partir de 1908.

Poco se sabe de lo que pasó con Thomas Sullivan o su empresa, lo que es una pena dada la importancia de su invento por accidente. Sí sabemos que, desafortunadamente, Sullivan no logró sacar una patente de su invento, aunque otros sí lo hicieron.

Tanto es así, que hasta nuestros días ha llegado una patente de aquellos comienzos :)




[Continuará...]

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